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Tercera temporada de Club de Cuervos: drama, sexo, futbol y mafia

7 minutos de lectura

OK, reseña de la nueva temporada de Club de Cuervos, sin spoilers porque se me ponen ULTRA mal.
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¡JA! Esto está lleno de spoilers amigos, así que sigan leyendo bajo su propio riesgo.

La nueva temporada de Club de Cuervos en Netflix me dejó un sabor agridulce. Empieza un poco lento, retomando lo que yo sabíamos: la unión de los Iglesias. Conforme pasan los episodios, se agregan hechos que pensamos nunca ver, como la juventud de Salvador Iglesias padre, una figura mítica ya, gracias a las alabanzas de prácticamente todos los personajes.

Tenemos nuevas caras, como Melissa Barrera en su papel de Isabela Cantú, hija del magnate Armando Cantú, una suerte de Carlos Slim con look más terrenal. Juan Pérez interpreta nuevamente a Hugo Sánchez de manera magistral, generando momentos de tensión en una suerte de matrimonio armado con Carmelo, su contraparte de asistente. Después Cuervos se va más abajo que nunca en lo deportivo, se arma un draft con sobras de jugadores amateur, Chava tiene la grandiosa idea de ser Gobernador de Nuevo Toledo y sí, de casarse. Todo esto mientras nos acostumbramos a llamar al equipo los “Cuervos negros y salvajes de Nuevo Toledo en Puebla, FC”.

Pero, vamos montando las partes de esta nueva temporada.

La caída de los dioses

Si a algo se dedicaron esta temporada de Club de Cuervos, fue a tirar los dioses creados. El primer en caer es el mismísimo Salvador Iglesias padre, enterándonos cómo empezó su negocio al lado de su hermano Luis, generando algunas ventas falsas, tomando partida del gobierno en turno y cómo al final, al verse acorralado a punto de perder todo, comete asesinato. La figura de ese hombre trabajador, que si acaso su único pecado fue el ser un poco mujeriego, se cae a pedazos, al ver cómo su legado se mancha de sangre y engaños 30 años después de haberlo iniciado.

Por otro lado, Rafael, esposo de Chabela, es hallado por la misma con otra mujer en uno de sus departamentos. La escena habla por sí sola, y vemos un Rafael totalmente distanciado de Isabel, arrinconado por el nulo interés de su esposa en concebir, las presiones del equipo y su nuevo puesto, así como la necedad de Isabel en obtener la presidencia, hicieron mella en el querido Rafa, probablemente el único personaje masculino de la serie que gozaba de madurez y respeto por igual.

Isabel Cantú se nos presenta como una mujer que no accede a los caprichos de los Iglesias, sobre todo de Isabel, acercándonos genuinamente al personaje de Luis Gerardo Méndez, de una forma poco usual (que viva el sexting compañeros). Sin embargo, conforme pasan los episodios, nos damos cuenta que el personaje de Melissa Barrera tiene un pasado psicológico muy pesado, al haber ingresado a una institución psiquiátrica después de un accidente automovilístico (ocasionado por celos). Al final, nos damos cuenta que las intenciones de Isabel son meramente egoístas y un poco sociópatas, tratando de llenar el vacío de su anterior relación, destacando de paso, cómo su padre, a sabiendas de esto, le permite formar parte de un plan para casarse con Chava, asegurando el traspaso del legado Iglesias a la familia Cantú.

Las apariciones especiales

La aparición que más me dejó impactado, fue probablemente la menos elaborada de todas: la del señor Azcárraga. Y es que dice mucho ver al magnate de Televisa, integrándose a un capítulo de una de las series estrella de Netflix, una de las compañías que han amenazada la forma en la que él, y sobre todo su padre, establecieron para el consumo de contenidos no solo en México, sino en otros países de Latinoamérica. Esto es una señal.

Fox. Qué decir de nuestro querido ex presidente. Personajazo sin duda. Genios los de marketing en Netflix. Por ahí ronda un video de Vicente Fox, apoyando la ficticia campaña de Chava Iglesias para gobernador de Nuevo Toledo. Impresionante cómo, si lo comparamos con cualquiera de sus discursos cuando era realmente activo en la política, no cambia mucho. Palabras más, palabras menos. Qué cruda realidad.

Rafa Márquez y Kikín Fonseca, uno con problemas serios con USA y Hacienda, otro, siendo un comentarista decente en televisión de paga. Ambos, piedras angulares en la serie para presentar un viejo problema del fútbol mexicano: la falta de sindicato de jugadores y los distintos intereses que mueven a los directores de los equipos. Interesante cómo se presenta la reunión entre ellos y los jugadores, siendo esto, muy posiblemente, algo que han vivido en la realidad. Club de Cuervos nos plantea perfectamente el cómo las fuerzas dentro del fútbol, van más allá del dinero.

La clónica realidad de la serie

El Pacto de Caballeros (famoso por sacar, quitar y mover jugadores de equipos y selección al antojo de algunos directores deportivos, empresarios y hasta los mismos jugadores), el discurso de Chava Iglesias y su similitud con el de Enrique Peña Nieto (la infrastrucchure), la campaña del “Cuau” y su similitud con, claro, la campaña de Cuahutémoc Blanco (qué jodida realidad), la campaña de la esposa del gobernador tan similar a la candidatura de Margarita Zavala, la regla 10/8 sobre jugadores mexicanos y extranjeros, así como la realidad del mundo de los patrocinios deportivos y las situaciones que viven los jugadores amateur/llaneros en el fútbol profesional a la hora de ascender. Club de Cuervos nos presenta una realidad presente no solo en el fútbol mexicano, sino en la mayoría de sus deportes a nivel profesional que nadie quiere aceptar.

I believe

Aunque a mi gusto la serie termina con uno o dos episodios faltantes, la serie mantiene buena parte de su nivel. Nos tenían acostumbrados a ver a los Iglesias triunfar en el último momento (al mejor estilo de un partido de fútbol agonizante), hoy nos encontramos con un par de hermanos más cercanos que nunca. Chistoso, que durante toda la serie se le forzó a los hermanos a llevarse bien: con viajes, dinero, un equipo de fútbol, la presidencia, terapia, entre otras mil cosas. Sin embargo, al final, nos vemos con dos hermanos que terminan realmente unidos al saber la verdad de la única persona que los hacía mantenerse como un igual: su padre. Al caer su figura, no les queda más remedio que hacerlo por sí mismos, con buen éxito, momentáneo al menos.

 

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Carlos Lara

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