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Estudié italiano para entender a Francesco Totti.

2 minutos de lectura

No soy una persona que ame con locura el fútbol. Entiendo poco y, como diría una canción: paso del fútbol si no juega el Madrid. Pero esta no es una nota sobre el calcio, es una nota sobre Francesco Totti, il capitano que hace una semana dijo adiós.

Francesco Totti

Hace unos años (10 para ser exactos y sentirnos viejos) me pidieron elegir un idioma alterno al inglés para estudiar mientras hacía la carrera. Era parte de la currícula y no podía negarme; después de haber estudiado alemán y francés en la secundaria, debía probar algo nuevo. Fue en la misma época en que conocí a una chica fanática de la Juve y, específicamente de Fabio Cannavaro. Buscando quien era el mentado -y guapo- Fabio fue que llegué a Francesco Totti.

Francesco Totti lleva toda una vida con un sólo equipo en su pecho, el A. S. Roma. Claro, sin contar las veces que visitó los colores de su país. Si eso no es amor a la camiseta, no tengo ni idea de a lo que se refieren los aficionados con esa frase.

Yo no lo sé de cierto (pero lo supongo) lo que el nombre de Totti significa para el fútbol mundial, tampoco cuanta pasión levanta y me queda claro que no es el galán que todo mundo conoce. Pero en Italia es suceso, su boda hace unos años fue televisada ¡Como Lucerito y Mijares! Hace beneficencia, libros de chistes, motociclismo y, seguro, hasta vende spaghetti los domingos.

Para esta simple mortal que nunca ha pateado un balón en su vida, Totti me hizo soltar una lágrima o dos con su discurso de despedida. El cuál comienza con “Desafortunadamente ha llegado el momento que esperaba no llegara nunca“.

Grazie, Francesco Totti!

Con el nudo en la garganta, 70,000 personas se reunieron para darle una gran despedida. Con su esposa y sus hijos en la cancha, los ojos llorosos, inquieto; haciendo bromas -muy italianas- mientras sus contemporáneos lloriquean en las gradas. No, no sólo el fútbol cierra un capítulo, una generación se despide.

Durante 3 años estudié hasta hartarme italiano y han valido cada centavo, hora y desvelo sólo por escuchar ese discurso. Esa voz quebrada; por ver el rostro de ese hombre mientras dice adiós a su afición, a sus compañeros, a su estadio, a su camiseta.

Ciao, Francesco. Ci manchi molto. 

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Nisaphire

Soy como los Ángeles Azules: de Iztapalapa para el mundo, psicóloga de closet, creo en el entrelazamiento cuántico y soy fan del Kintsukuroi.

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